Sobre el iPhone

(Artículo impreso originalmente publicado en la revista “Buenas Ideas”)

Cuando murió Steve Jobs mi papa me llamó llorando: “Mijo, se murió el señor que se inventó su primera computadora”. Vale la pena decir que en lo unico en que estamos de acuerdo, mi padre y yo, es en el gusto que tenemos por los productos Apple.

Mi papa compró nuestro primer Mac en el 85′, yo estaba en el colegio y durante toda mi primaria y bachillerato fuí el niño del computador diferente. Mi Mac siempre era el computador más moderno del curso: el primero en tener pantalla a color, el primero en mostrar video, el primero donde los personajes de los juegos hablaban, el primero que podía diagramar texto (recuerdo hacer un mini-periódico en primaria).

Siempre era el diferente, aunque hay que reconocer que eso no era del todo bueno pues tambien era el niño rechazado porque los juegos de mis amigos nunca servían en mi computador.mac128_jan_09_thumb

El Mac Classic II

Básicamente los productos Apple ha estado en mi casa toda la vida, desde el colegio, durante la universidad y hoy día en mi vida profesional. Cabe aclarar que no soy de esos ultra-fanáticos de la marca (como un Chino sobre el cual leí hace unos meses que vendió un riñón para comprar un iPad), sino más bien alguien acostumbrado a esa tecnología a lo largo de muchos años.

No digo que sean perfectos, Dios sabe que muchas veces he golpeado pantallas, insultado al celular y desconectado de la pared computadores trabados, pero aun así no me cambiaría a la competencia. Hay algo de todos estos productos Apple que me parece agradable, natural. Siempre los entiendo, y creo que sobre todas las cosas que son amigables: Siento que trabajan para mi.

Hoy día soy Productor Musical y dicto algunas horas de cátedra en una universidad y una de las preguntas más frecuentes es ¿Pero cual es mejor Mac o Pc? (Para el presente artículo podríamos hacer la analogía de iPhone o Blackberry). Al final creo que las dos plataformas lo llevan a uno al mismo sitio, solo que de formas diferentes. Los detractores de los productos Apple dicen que es mejor un Blackberry y PC porque el usuario puede “personificarlos” como quieran, cambiarle todo, meterle cualquier programa, que le prendan lucecitas, cambiarle la apariencia, color, sabor, funcionalidad, etc. Y eso es cierto, si uno se sienta a “jeringiarle” una semana a esos aparatos seguro puede lograr que hagan cosas muy interesantes. Sin embargo yo no tengo una semana para estar fregando con un aparato de esos, yo quiero un aparato que sirva ya, que se vea bonito sin que me toque a entrar a 100,000 menús. De hecho a veces creo que las restricciones de la Mac son buenas; un mandato al buen gusto: por más que yo quiera, en mi iPhone va a ser un problema lograr que cuando me llamen suene un reggaeton de Whiskería mientras prenden luces neón de colores alrededor del teléfono.

Son bonitos, elegantes, fáciles de usar, muy útiles y prácticos. Los detractores dirán que son pura “pinta” pero yo les pregunto ¿Porqué algo bueno tiene que ser feo?

Además, con un par de toques en la pantalla de mi iPhone y sin mayor esfuerzo puedo mirar las cámaras de seguridad de mi negocio, reservar boletas para una película, componer una canción en Garage Band, escribir un artículo sobre el iPhone (como lo hago en este moemento), revisar la mezcla de audífonos del baterista en un sonido en vivo, mandar un email, actualizar mi blog, buscar en que consultorio es mi cita al odontólogo, comprar el último disco de The Black Keys y por último y más importante, escribirle a mi padre: “Tranquilo papá: por más que Steve Jobs haya muerto su think different vive entre nosotros ¿Almorzamos?”.